Un padre económicamente
acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, lo
llevó al Honduras profundo para que pasara un par de días
en el monte con una familia campesina. Pasaron tres días
y dos noches en su vivienda del campo. En el carro, retornando a
la ciudad, el padre preguntó a su hijo
-- ¿Qué
te pareció la experiencia?...
-- Buena --
contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia.
-- Y... ¿qué
aprendiste? -- insistió el padre...
El hijo contestó:
-- Que nosotros
tenemos un perro y ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina
con agua estancada que llega a la mitad del jardín... y ellos
tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos,
berro y otras bellezas. Que nosotros importamos linternas del Oriente
para alumbrar nuestro jardín...mientras que ellos se alumbran
con las estrellas y la luna. Nuestro patio llega hasta la cerca...y
el de ellos llega al horizonte. Que nosotros compramos nuestra comida;...ellos,
siembran y cosechan la de ellos. Nosotros oímos CD's... Ellos
escuchan una perpetua sinfonía de bombines, chuíos,
pericos, ranas, sapos cocorrones y otros animalitos....todo esto
a veces dominado por la sonora saloma de un vecino que trabaja su
monte. Nosotros cocinamos en estufa eléctrica... Ellos, todo
lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.
Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas....
Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad
de sus vecinos. Nosotros vivimos 'conectados' al celular, a la computadora,
al televisor...Ellos, en cambio, están 'conectados' a la
vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales,
a sus siembras, a su familia.
El padre quedó
impactado por la profundidad de su hijo...y entonces el hijo terminó:
--
Gracias papá, por haberme enseñado lo pobre que somos
nosotros...