El basilisco, como puede apreciarse en esta gráfica, era un animal con cuerpo de reptil, alas membranosas (como las del murciélago) y patas y cabeza de gallo. Se le atribuían muchos poderes, siendo el principal de ellos el poder matar a sus víctimas con su mirada. Si su apariencia puede considerarse curiosa, más aún es la forma en que el basilisco nacía: en una noche de luna llena, si el reloj marcaba exactamente la medianoche, el huevo que algun gallo viejo (tambien puede ser de una gallina ponedora vieja y cansada) ponía seria el que diera lugar al nacimiento del basilisco. El huevo tendría características particulares que lo distinguirían de los huevos normales: su forma sería esférica y de tamaño reducido. Si estos pequeños huevos esféricos no son consumidos por las llamas en cuanto son encontrados, de ellos nacen unos pequeños gusanillos colorados que se aposentan debajo de las casas, y en menos de un año, llegan a constituirse en basiliscos.

El basilisco sale de su escondite por las noches, emitiendo un sonido monótono muy parecido al del gallo, se acerca al durmiente y se alimenta de su aliento, robándole su energía. La víctima del basilisco enflaquece, se debilita hasta morir si no se toman medidas para eliminar al basilisco. Los sintomas para reconocer a la víctima del basilisco es la característica "tos seca".

Sobre este particular (como eliminar al basilisco), existen diversas versiones: algunos consideran la colocación de espejos en toda la casa como la mejor manera de matarle (puesto que al verse a si mismo reflejado provoca su muerte). Otros creen que la manera de matar un basilisco es verle antes de que él nos vea (muy riesgoso).

Existe una tercera opción de acabar con el flagelo, pero es la menos practica: consiste en quemar la vivienda donde se sospecha que hay uno de ellos.

Por último, hay otra manera, muy intrincada, de combatir al basilisco, la cual incluye agua bendita hirviente y cruces hechas de mechay desperdigadas por las cuatro esuqinas de la casa, pero esta "receta" no mejora al paciente sino que, simplemente, provoca que con la muerte del enfermo muera con él el basilisco, librando al resto de la familia de la amenaza de tan deleznable bicho.

Pero como era de esperarse, ya hubo quien intentó sacarle rédito a tan curiosa bestia.

El monje alemán Teófilo en su tratado "Schedula Diversa-rum Artium" aconseja utilizar polvos de basilisco para fabricar "oro hispánico", en una mezcla con cobre rojo, vinagre y sangre de hombre pelirrojo: "En una cueva de piedra apenas iluminada, se encierran gallos viejos y se les deja una cantidad abundante de alimentos. Se aparean y ponen huevos, que se hacen incubar por sapos: de estos huevos nacen basiliscos bajo forma de pollos con cola de dragón. Al cabo de seis meses se queman los pollos y se trituran sus cenizas con un tercio de sangre de hombre pelirrojo, en un recipiente muy limpio. Se extiende esta mixtura sobre las dos caras de una delgada placa de cobre que, después de haber sido puesta al rojo blanco, se templa de nuevo en la mezcla, durante bastante tiempo para que esta penetre bien el cobre, el cual adquiere el peso y el color del oro. Este oro es empleado para toda clase de usos".