Cuando
la reunión concluyó, todos los presentes levantaron
sus espadas y juraron lealtad al nuevo rey. No importaba que el lugar
no fuese un palacio, menos aun que el "trono" real no fuese
otra cosa que una roca cubierta por algunas pieles, lo importante
era que esa noche se había consolidado la unificación
de los 7 Reinos. A partir de ahora las cosas cambiarían, de
eso no cabía duda.
Akrog no podía
dormir. Miles de cosas bullían en su real cabeza, preguntas
que ameritaban respuestas le robaban el sueño. Se irguió
y salio de la cueva limitándose a mirar como el cielo empezaba
a sonrojarse ante la proximidad del alba mientras el viento le golpeaba
sus mejillas, curtidas por tantas batallas.
Nuevamente habría que pelear, pero esta vez seria la ultima.
No había lugar para segundas instancias. Los 7 reinos tratarían,
en un ultimo y desesperado intento, romper las pesadas cadenas que
les habían sido impuestas.
Si... la sangre correría nuevamente y no habría manera
alguna de evitarlo, pensó Akrog antes de lanzar una maldición
.